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miércoles, 30 de diciembre de 2015

HO, HO, HO!


anoche, anoches

Anoche lo hicimos tan bien que...


HO, HO, HO!


Mañana se acaba el año... otra vez. ¡Caray! ¡Qué manía tienen de cambiarlo cuando una ya se va acostumbrando!  Cosas absurdas que se inventan los de arriba para tener despistados y/o entretenidos al populacho. Pensadlo bien… ¡qué felices seríamos y lo que ahorraríamos en cumples y turrones si solo hubiera un año! Todos seríamos de la misma edad, no tendrían sentido palabras como joven o viejo; niño o adulto; pronto o tarde; mañana o ayer, hasta un jamás o un nunca perderían intensidad... y no, no es que haya empezado con el champán antes de tiempo, solo es que me he dado cuenta que hay demasiadas palabras inútiles que lo complican todo, inútiles porque en vez de dar sentido un algo o a un todo, se lo quitan por completo.
Somos seres libres poco libres, cargados de ataduras que nos imponen y que nos imponemos que nos atan al suelo… y a mí me gusta volar sin alas sí, sin alas, porque volar teniéndolas es pura fricción, volar sin ellas es pura fe e imaginación, y esto es lo único que nos hace grandes y que nos puede llevar a dónde queramos con un poco de interés y  esfuerzo.
Hoy en día, damos demasiado poder a palabras como dinero y así nos va. Dinero, dinero, dinero. En cambio, palabras como: imaginación, fe, amistad, sueño, magia, aptitud, don, trabajo, humanidad, solidaridad, empatía… ¡empatía!, qué hermosa palabra y como todas las de esta incompleta lista, va perdiendo fuerza cada día. Y no, no escribo esto con el propósito de que reflexionéis de forma típica al acabar el año y hagáis la famosa por aburrida lista de propósitos que todo el mundo hace pero que nadie o casi nadie cumple. No, no, todo lo contrario. Sed libres, reflexionad o no, haced la lista o no, cantad villancicos o no, brindad o no… sed felices o no, que la felicidad está sobrevalorada, es la droga  de los tontos, una desdicha a tiempo salva muchas vidas monótonas de caer en el más absoluto hastío que nos impide ver con claridad la tremenda suerte de tener momentos breves instantes de autentica  felicidad que, al final, acaban pasandonos desapercibidos entre tanta dicha agotadora que a más de uno es a llevado al otro mundo. Son los muertos de aburrimiento. Un buen trama hilado finamente no es que haga la vida más interesante, es que hace la vida. En fin, dejó ahí mi teorías existenciales para hacer de nuevo hincapié en la cuestión más importante de este compendio de palabras... qué nadie os imponga nada que no sea libertad o libre albedrío.
Si queréis cambiar, cambiáis y si no… al fin de cuentas, cambiar para peor o cambiar algo que ya está bien como está, es simple sinrazón y/o pérdida de tiempo… y hacedme caso, aunque te cambien de año, que te devuelvan todo tu tiempo…y atento al cambio que hay mucho corrupto.
Yo este año lo tengo decidido: no cambio si no es para mejor. Me he vuelto vaga y no doy un paso en balde. Así que en principio, me quedo como estoy y luego iré viendo. Total, no estoy mal, hago todo lo que puedo y procuro no molestar demasiado a los congéneres, soy tan normal que puedo empezar a ser peligrosamente rara…
En conclusión, vivimos que no es poco. Además de vivir y la acostumbrada: felicidad, salud, amor y dinero, os voy a desear mucho sentido del humor porque es sano, hace que puedas querer más y que puedan quererte los demás y, por supuesto, es extrañamente barato, que en España no estamos para gastos extras, si por no tener, no tenemos ni mucha moral, ni suficientes principios, ni gobierno,… aunque, tengo que decir que a esto ultimo, por el momento, no lo echo de menos... ya iremos viendo.
Qué cenéis bien agustito y muchas y buenas anoches, sí, “anoches, porque noches las tendréis, pero “anoches” menos… no vayamos a comenzar el año con una trola… o... ¿¡sí!?...Bueno, vosotros mismos. 

miércoles, 31 de diciembre de 2014

Cuento chino de Navidad



Me gusta señaló cuando leyó el último texto de aquella noche. ¡Por fin! Ya no podía más. Durante toda la jornada estuvo trabajando sin descanso y, a cada momento, sentía que se quedaba sin fuerzas, como si poco a poco se le agotaran las baterías.
Él nunca protestaba pero aquella vez era diferente: había alcanzado su límite. No, no más. De repente, miró atrás en el tiempo intentando rememorar cómo había llegado a esa situación y lo único que pudo recordar es que su vida nunca fue vida. Ya no podía proseguir con esas interminables rutinas a las que ella lo sometía y que le dejaban exhausto, a punto de apagarse como el último centelleo de un cigarro, humillado y aplastado contra el cristal del cenicero.
Con sus movimientos mentales impertinentes, le trasladaba de acá para allá con total desconsideración, como un objeto, cumpliendo un horario inhumano y él nada podía hacer. Nunca pudo hablarle, sinceramente. Nunca.
Ella era tirana e indolente y casi nunca se avenía a razones pero suplía su pereza con una mayor inteligencia y su apoyo constante y esclavo. Él llevaba la carga encima y hacía todo el trabajo duro. Editaba, publicaba, compartía y comentaba mientras que ella se llevaba el mérito y los halagos de su ardua labor.
—Escritora se hace llamar... —y algo hizo clic en su interior — ¡escritora de pacotilla, de medio pelo, de paripé! ¡Bah!, y ahora tiene en mente un nuevo proyecto: está pensando en un cuento de Navidad. “Pensar”.  ¡Eso es lo único que sabe hacer!
Como siempre, el trabajo inhumano sería para él aunque nunca encontró su agradecimiento: ni de palabra, ni en prosa, ni en verso… en esta ocasión sería lo mismo de siempre. Al día siguiente ella empezaría “pensar” en renos o en blancas nieves o cualquier otra cursilada típica del mes de Navidad y se olvidaría de él que está a su lado todos los días del año: agarrándole la mano en cada palabra, poniendo color en cada una de sus letras, aumentando sus aciertos, disminuyendo sus  dudas, recalcando sus sinsabores y  sin el que no podría gustarse más.
Al final se apagó…¡por mucho que se picase, nadie iba a pensar en él para hacer un cuento de Navidad! Tuvo que reconocer que un ratón inalámbrico sin pilas de protagonista, suena más a cuento chino made in taiwan.


©Ainhoa Núñez Reyes
Participa en el Reto especial de Navidad de Territorio de Escritores:  Juegos Literarios. 

martes, 21 de enero de 2014

Turrón en Navidad

Turrón en Navidad, relato


Buenas y frías tardes en León. Algunos sabréis que hace unos años publiqué un libro de cuentos y a primeros de este año lo retiré del mercado y lo estoy preparando para que podáis descargarlo desde aquí en pdf, completamente gratis se entiende. En realidad, siempre quise que el libro electrónico fuese gratis o muy barato, pero la editorial no quería porque en los canales de distribución había empresas que solo veden ebook y ninguna trabaja gratis. Cedí. Error grave de novata. Por querer llegar a más gente me cerré puertas. A finales de año hice una búsqueda de los sitios que lo vendían. Perplejidad absoluta en mis ojos. Cada uno ponía el precio que le daba la gana. El más caro que encontré era 3,95€. Me reí hasta yo. Te atrapan con la distribución a nivel mundial pero quién compra a ese precio un ebook de un autor desconocido. De locos. Ellos buscan ganar dinero, les importa bien poco que llegues a más personas. En fin, que lo retiré y ahora hago con el lo que quiero. Mientras lo preparo cuelgo uno de los cuentos, o relatos, como querráis llamarlo. A mí me gusta llamarlos cuentos. Mis cuentines.

VAGAMUNDOS
VAGAMUNDOS. Artista gráfico: Puñués

 Turrón en Navidad  




—Verás como de hoy no pasa —dice Ginés mostrando la falta de dientes a través de su sonrisa maliciosa.

—¿Estás seguro de eso? —pregunta su compañero mientras le hace sitio en el mugriento colchón.

—Sí, sí, y déjame un poco de muslo. Es lo último que nos queda.

—¡Cómo no lleves razón, no podremos celebrar estas navidades!

—Ayer le metí la carta en el buzón.

—¿Y tú crees…?

—¿Qué funcionará…? Estoy convencido. Hasta ahora nos ha ido bien.

—La suerte cambia...

—Ni lo pienses, Tomás. Funcionará.

En esto Ginés cierra la cremallera de la tienda de campaña, y mientras Morfeo le acuna entre sus brazos, no puede dejar de pensar en la carta. Había puesto tanto empeño y talento en ella, como antaño en esos libros que sólo le habían traído desgracia. Sí, podía parecer que lo había tenido todo: dinero, comodidades, una bella mujer, casas, coches… hasta un perro. Lo material había volado, y el perro, que tenía tan malas pulgas como su mujer, se compinchó con ella y tras el fracaso del último libro: ambos lo recibían a ladridos al entrar por la puerta de la casa. Estaba mejor sin ellos.

Debajo de aquel puente oxidado que sólo servía de alivio romántico a almas desesperadas, encontró a un amigo. El único que había tenido. 

Cuando el dinero empezó a entrar a espuertas por la puerta de su casa, se encaprichó de la más guapa y, a la postre, la menos buena. En el momento que las cosas se torcieron, le faltó tiempo para echarlo a la calle. De aquello, hace más de veinte años. Ahora nadie se acuerda de él. Y ahí está, enterrado en capas de mugre y cartones viejos, esperando que la carta surja efecto. 

No se arrepiente de usar tan singular método para llenar la barriga. Los hombres a los que envía cartas, son adúlteros, timadores y demás calaña. Se pasa los días enteros vigilándolos y cuando conoce hasta el último de sus pecados, les escribe un anónimo reclamando determinadas cantidades por su silencio. Todos pican. A las cinco de la mañana invariablemente, van al apartado puente y tiran una mochila con el dinero.

Aún faltan cuatro horas pero oye un ruido fuerte sobre él. No puede ser. ¿El dinero... o alguna represalia? El miedo se apodera de su pulso. Suena cercano un murmullo ronco. El viento flamea y silba entre los recovecos metálicos del puente. La inquietud amarga del mal presagio, le hace bajar la cremallera. Escucha con atención. El murmullo cesa y sólo se oye el requiebro de un balanceo. 

Para calmar los latidos de su corazón sale fuera a hurtadillas y amedrentado grita: “Quién anda ahí”. Nadie responde. Por si acaso, lleva empuñado el armazón de un paraguas a modo de estilete y lo sacude veloz contra las tinieblas. Al elevarlo receloso, la punta golpea con algo. El susto le hace caer de espaldas. Desde allí puede contemplar la silueta de un hombre suspendido en el aire. Bajo la luz de la Luna su último extorsionado oscila en una soga… Cómo le diría a Tomás que ese año no comerían turrón.

©  Ainhoa Núñez Reyes



Extraído del libro: El ingenio de la lámpara II
© 2008, Ainhoa Núñez Reyes
ISBN:978-1-4461-3882-3
DL: LEÓN-1075-2010
Impreso en España / Printed in Spain
Estos relatos están inscritos en el Registro General de la Propiedad Intelectual de León. Número de asiento 00/2009/669

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martes, 31 de diciembre de 2013

2013 a tomar por culoooo

a tomar por culo 2013


… y llegó en momento de darle una patada en el culoooo. El 2013 ha sido mi año horribilis. En gran parte por mi culpa. Me aísle demasiado. Tengo mala salud desde hace mucho pero este año, junto a otros problemas no directamente míos, me han hecho la puñeta.  Ya la conocéis: La vida puede ser bastante cabrona si se lo propone, así que este año a punto de empezar, hago propósito de enmienda: atender mejor a los amigos, salir a pasear aunque haga frío, conocer a mis nuevos sobrinos, tomarme más en serio el yoga, ir más veces a ver jugar a Manuel (fútbol brrr….), superar mi miedo a los alimentos y la agorafobia (¡soy toda una joyita!), hablar más con los amigos,  y acabar, por fin, mi novela.  Para ir concluyendo, deseo que todos paséis una noche maravillosa y que el 2014 os traiga todo lo que le pidáis. Nosotros cenaremos opíparamente en casa de mi suegra. Yo seré la única que no consiga tomarme las uvas a tiempo ( y Dani, pero él no cuenta porque es pequeño) y luego binguitos buenos hasta que aguantemos. Es lo mismo de siempre pero a nosotros  nos gusta. Besitos a todos, en especial a mis hermanos, primos, cuñados y demás familia de Sevilla y Madrid, y a Ale, Moni, amigas de todas las vidas, y las nuevas que estoy empezando a conocer, Ana, Soledad, Cristina, Eugenia, Al y Desireé.... Qué la fuerza os acompañe.


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